viernes, 20 de junio de 2014

ELLA ES






La COMPAÑÍA TEATRAL CANDILEJAS
Presenta                                                         “ELLA ES…”


Espectáculo teatral sobre la Mujer
con texto de Julio Saldaña, basado en textos propios y del Teatro La Máscara de Colombia
Actúan
Gabriela Balbuena     
Cristhian Encina           
Leyda Estigarribia         
 Vanesa Gaitán                                      
Deolinda Berkholtz        
Claudio Ramírez            
Cecilia Romero              

“ELLA ES….”  es un espectáculo referido a la identidad de las mujeres que pone de manifiesto lo que ellas mismas expresan: sus vidas, sueños, triunfos, dificultades y el descubrimiento de su fuerza interior. Apela a todo tipo de historias que ofrece una perspectiva sobre lo que es ser mujer hoy, en las que el padecimiento de la misma en la doble explotación a la que es sometida: por un lado, la marginación social y, por otro, la marginación de género aparece como una puerta que se abre a la reflexión, al autodescubrimiento, a la autoafirmación, a la posibilidad de cambio.

¿Por qué las mujeres? Porque como elenco deseamos reivindicar a las mujeres como sujetos creadores, asumiendo sus problemáticas, desde donde y con una propuesta de género, invitamos a que la mujer salga de la trampa del silencio,  recuperando su subjetividad, su voz. Porque nuestro teatro puede responder a la necesidad de reflexionar y trasformar toda discriminación social, impulsar la transformación de conciencias apaciguadas y encontrar un lenguaje propio desde el cual las mujeres puedan revelarse ante los hábitos de “invisibilizarlas”.



“ELLA ES….”   tal vez no tenga todas las respuestas, pero puede propiciar que la gente converse, que se exprese, que opine, que se contradiga, que se pregunte. Ése es un desafío de nuestro teatro…y de la vida.

Dirección General: JULIO SALDAÑA

Asistencia de Dirección: LIBER FERNÁNDEZ

Auspicia:    fondec
Apoya:        Departamento de Cultura - Municipalidad de Itauguá                                 
                                                                                                                       

martes, 15 de abril de 2014

¿Sufres el Síndrome de la Vida Ocupada?


La situación de crisis económica ha sido la responsable de que muchos españoles hayan perdido su empleo en los últimos años. Pero también ha tenido como consecuencia que la gran mayoría de jóvenes recién licenciados y sobradamente preparados hayan salido al mercado laboral sin unas oportunidades dignas de trabajo.
La solución a esta situación ha sido, para muchos, establecerse por cuenta propia y crear su empresa. El problema es que sacar un negocio adelante en estos tiempos es una tarea muy complicada, todo un reto. Al igual que se han creado nuevas oportunidades, también se han acentuado problemas y enfermedades, como el estrés, por ejemplo.
Pero uno de los síndromes más están sufriendo tanto los empresarios que han tenido que hacer frente a la crisis y que han sobrevivido, mejor o peor a sus reveses, como los valientes que han decidido emprender, es el Síndrome de la Vida Ocupada.
Síndrome de la vida ocupada
Este padecimiento, reconocido por los investigadores del centro de investigación escocés CPS Research, consiste en la combinación de falta de concentración y una leve pérdida de memoria causada por la actividad laboral de personas que sufren estrés.
Según el estudio realizado por este centro de investigación, se trata de un síndrome que afecta especialmente a jóvenes emprendedores que dedican muchas horas al trabajo y que reciben un exceso de información cada día. Parece ser que, cuanto más joven es el empresario, mayor es el número de canales a través de los cuales recibe la información (televisión, radio, prensa, Internet, redes sociales…) y por eso son más propensos a padecer este síndrome.
Este padecimiento se refleja, como hemos citado, en pérdidas de memoria, pero se refiere a pequeños lapsus y descuidos como los relacionados con nombres de personas a las que conocemos, horarios de citas y reuniones y a recordar dónde has dejado determinados objetos como el móvil, las llaves, las gafas o la cartera.
No se trata de una enfermedad grave, pero sí de un envejecimiento prematuro del cerebro que debemos intentar combatir. Algunos consejos para hacerlo son los siguientes:
  • Haz deporte: Elige una actividad física que te guste, con la que realmente disfrutes, y practícala al menos dos veces por semana. Relajarás tu mente y desconectarás de todo el estrés laboral.

  • Desconecta: Cuando llegues a casa, olvídate del móvil y del ordenador y cámbialo por una película, una cena con tu familia o un rato de lectura. Estar conectado permanentemente te genera un estrés innecesario. Muy pocas cosas requieren tu atención las 24 horas al día.

  • Haz anotaciones: Ten una agenda o utiliza blocs de notas (ver aquí) para apuntar todo lo que no sea necesario recordar: horarios de reuniones y citas, correo electrónicos o teléfonos de contacto… De esta forma liberarás a tu cerebro de información que puedes llevar contigo a todas partes sin necesidad de tener que recordarla.

  • Distingue entre tu tiempo de trabajo y el de descanso. No pasa nada si tu actividad requiere que trabajes a la semana más horas de lo normal, incluso si no tienes un día entero de descanso. Eso sí, cuando tengas tiempo libre, aprovéchalo como tal y disfrútalo. No intentes compaginar trabajo y ocio porque al final no harás ni una cosa ni la otra y te frustrarás.
Acerca del autor:

Este articulo fue escrito por María García, periodista y escritora sobre temas de emprendimiento, empresas y negocios
Fuente: http://www.negociosyemprendimiento.org/2014/02/sufres-el-sindrome-de-la-vida-ocupada.html?m=1

martes, 26 de noviembre de 2013

La importancia del tiempo

Es un texto interesante y digno de compartir, no se quien es el autor.
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Imagínate que existe un banco, que cada mañana acredita en tu cuenta, la suma de 86,400.
No arrastra tu saldo día a día. Cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no usaste durante el día. ¿Que harías? ¡Retirar hasta el último centavo, por supuesto!
Cada uno de nosotros, tiene ese banco. Su nombre es tiempo. Cada mañana, este banco te acredita 86,400 segundos. Cada noche, este banco borra, y da como perdido, cualquier cantidad de ese crédito que no has invertido en un buen propósito.
Este banco no arrastra saldos, ni permite sobregiros. Cada día te abre una nueva cuenta. Cada noche elimina los saldos del día. Si no usas tus depósitos del día, la perdida es tuya. No se puede dar marcha atrás. No existen los giros a cuenta del deposito de mañana. Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy.
Consigue lo máximo en el día. Para entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que perdió el año de estudios. Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que alumbró a un bebe prematuro. Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario. Para entender el valor de una hora, pregúntale a los amantes que esperan a encontrarse. Para entender el valor de un minuto, pregúntale a una persona que perdió el tren. Para entender el valor de un segundo, pregúntale a una persona que con las justas evito un accidente. Para entender el valor de una milésima de segundo, pregúntale a la persona que gano una medalla de plata en las olimpiadas.
Atesora cada momento que vivas. y atesóralo mas si lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial como para dedicarle tu tiempo y recuerda que el tiempo no espera por nadie. Ayer es historia. Mañana es misterio. Hoy es una dádiva. ¡Por eso es que se le llama el presente!

lunes, 10 de junio de 2013

¿Familias en peligro o familias peligrosas?

Me pareció interesante este fragmento del libro “Violencia silenciosa en la escuela”  Tercera edición de Alejandro Castro Santander (Ed. Bonum Bs.As. Argentina), por lo cual lo trascribo textualmente para compartirlo con todos y todas.

El desarrollo afectivo y psicológico, el equilibrio emocional, la formación de valores, el desarrollo de las aptitudes intelectuales básicas y la prevención de futuras conductas violentas, todo ello depende de la familia, pero los apremios socioeconómicos agudos, la desocupación prolongada, ponen en tensión extrema a la familia, y en numerosos casos la familia se quiebra. Normalmente sólo la madre queda al frente y es así que más del 25% de los hogares latinoamericanos están en esa situación.

La familia, siendo la institución social principal y más importante para la educación y la protección de sus miembros, en ocasiones se convierte en un escenario de sufrimiento y violencia.

            Los niños y niñas sufren violencia y aprenden a ser violentos en sus casas, pero a través de agresiones que frecuentemente no dejan huellas visibles. Es así que los niños corren más peligros allí donde deberían estar más seguros: es sus familias. De hecho “es más probable que sean asesinados, agredidos físicamente, raptados o sometidos a prácticas tradicionales prejudiciales o a la violencia mental por miembros de su propia familia que por extraños” (UNICEF, 1999).

·          En América Latina y el Caribe trabajan 17.4 millones de niños. Cada año mueren 22 mil niños en accidentes relacionados al trabajo.
·         Asia y América Latina son las dos mayores regiones proveedoras de “niños esclavos” a las redes de tráfico internacional. Se calcula que cada año entra 700 mil y un millón de niños son víctimas de este delito.
·         En Latinoamérica 6 millones de niños, niñas y adolecentes son objeto de agresiones físicas anualmente; 80 mil mueren por la violencia que se produce en sus hogares.
(Cifras y datos extraídos de series estadísticas de la UNICEF y OTI).

            En ocasiones, los niños y niñas se sienten incapaces de denunciar los actos violentos por miedo a las represalias de su agresor. Puede que el niño maltratado se sienta avergonzado o culpable, pensando que se trata de un castigo merecido. Esto es a menudo la causa de que el niño se muestre evasivo a hablar de ello.

            Ocurre también que ni los niños y niñas ni el agresor vean nada malo o inusual en estas prácticas, o que ni siquiera piensen que estos actos violentos constituyen violencia, y los consideren más bien como castigos justificados y necesarios. Recuerdo aquella escena de una película en que Woody Allen reflexionaba:
Mis padres no me pegaron mucho. Creo que lo hicieron una sola vez. Comenzaron en el verano de 1942 y terminaron en la primavera de 1945.


Alejandro Castro Santander.

martes, 4 de junio de 2013

Creación de "La Verdad"

Luego de mucho tiempo sin escribir nada me gustaría volver con una de las cosas que siempre me llama la atención. La verdad de las cosas...
La verdad es algo tan relativa como la vida misma y el sentido de la existencia. Cuando digo "La Creación de la Verdad" me refiero a los medios de comunicación y a la famosa frase "En la Tele o en la Radio lo dijeron". Tanta es nuestra devoción y sometimiento a los medios masivos de información que muchas veces, por no decir siempre, tomamos como una verdad absoluta lo que estamos viendo y escuchando y no sometemos nada a la duda sistemática.
Conozco muchas personas que jamas cuestionan, ni van a cuestionar, no que ven o escuchan en los medios masivos de "información", pero también conozco a personas que siempre lo hacen, que son minoría, y por ello se han ganado en estigma de contreras, rebeldes, camorreros y un sin fin de cosas más. Solo por cometer el pecado de cuestionar lo que nos dicen debe ser incuestionable, simplemente por tratar de buscar la otra versión.
Sabiamente Jean Coctau nos decía "No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría" y Rabindranath Tagorea nos dice que "La verdad no está de parte de quién grite más". 
Debemos aprender que la verdad absoluta no existe y todo es cuestionable. Antes de tomos como cierta una información debemos investigar todo lo relacionado a ella y sacar una conclusión y esa será nuestra verdad, que puede perfectamente ser diferente a la de otras personas. Esto es un análisis mio y como todo análisis es cuestionable. El pensamiento critico es algo que nos llevará lejos y debamos cultivarlo.
Para terminar les dejo con esta frase de Umberto Eco "El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fé sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda." 
Claudio Ramírez

jueves, 6 de diciembre de 2012

LA MUERTE LENTA (por Martha Medeiros)

Muere lentamente quien no cambia de ideas, ni cambia de discurso, quien evita las propias contradicciones. Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos y las mismas compras en el supermercado. Quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo, no da algo a quien no conoce. Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú y su pareja diaria. Muchos no pueden comprar un libro o una admisión de cine, pero muchos pueden, y aún así se alienan delante de un tubo de imágenes que trae la información y el entretenimiento, pero que no debería, pues con sólo 14 pulgadas, ocupa tanto espacio en una vida. Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones indomables, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas e hipos, corazones a los tropiezos y sentimientos. Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos. Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo. Muere lentamente quien destruye su amor propio. Puede ser la depresión, esa enfermedad es grave y requiere ayuda profesional. Luego sucumbe cada día quien no se deja ayudar. Muere lentamente quien no trabaja y quien no estudia, y la mayoría de las veces es una opción y, sí, destino: entonces un gobierno en silencio puede matar lentamente una buena parte de la población. Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante, desistiendo de un proyecto antes de empezarlo, el que no pregunta acerca de un asunto que desconoce o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe. Muchas personas mueren lentamente, y esta muerte es una muy ingrata y traicionera, porque cuando se acerca de verdad, ya estamos muy destrozados para caminar en el corto tiempo que resta. Que mañana, por tanto, demore mucho para que sea nuestro día. Dado que no podemos evitar un final repentino, por lo menos evitar la muerte en suaves prestaciones, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que simplemente respirar.

miércoles, 8 de agosto de 2012

LA RESCISIÓN DEL CONTRATO SOCIAL por Milda Rivarola

Las opiniones contradictorias sobre lo ocurrido el 22 de junio del 2012, dentro y fuera del Paraguay, delatan el carácter confuso y oscuro de ese evento. La variedad de categorizaciones orillan el absurdo: golpe de Estado, sustitución constitucional, golpe parlamentario (con o sin guantes blancos), quiebre institucional, uso de atribuciones legales del Congreso, juicio express, mecanismo normal y legal, quiebre o ruptura democrática, etc. Quizá porque la gravedad de lo ocurrido es, como todo lo esencial, aun invisible a los ojos. Porque en un sólo día, a mediados del año siguiente al del Bicentenario, culminó el proceso de degradación de una década: se hizo trizas todo el Contrato Social (Rousseau, 1762) aceptado por la sociedad paraguaya tras la caída del dictador Stroessner. Sus cláusulas “pétreas”, establecidas solemnemente en la Constitución de 1992, venían desgarrándose paulatinamente, hasta que, de golpe, se rescindió todo el Contrato. Por eso el estupor, de allí el espanto colectivo. Lo brutal de esa rescisión explica el letargo inicial. El golpe parlamentario rompía el último de sus bastiones, según el cual el gobernante paraguayo era electo por la ciudadanía. El principio esencial de toda República, el más clásico, según el cual la soberanía residía en el pueblo y no más en monarcas ni jefes de tribus. Las otras cláusulas de ese Contrato Social habían naufragado silenciosamente en meses o años anteriores. La del imperio de la ley se rompió en 2003, cuando Duarte Frutos, aliado a las bancadas parlamentarios, literalmente “pulverizó” la Corte Suprema de Justicia. En un juicio político algo menos torpe que el de junio del 2012, con veinte causales del libelo, el parlamento forzó la renuncia de cuatro ministros (respetados juristas, en su mayoría) y condenó a otros dos.[1] Esta decisión tuvo efectos demoledores sobre una justicia en lento proceso de reforma: se tornó un poder lento e ineficiente, politizado, de baja integridad y credibilidad. De los seis indicadores del Banco Mundial (Kaufmann& Kraay) para medir la gobernabilidad de los países a nivel mundial, el de “Imperio de la Ley” en Paraguay, es el único que permanece en su nivel mediocre (17 a 19%), sin mejorías en la última década. Como la administración de la Justicia carece de una Sala Constitucional cuyas sentencias sean acatadas como legítimas, cualquier autodenominado “constitucionalista” interpreta hoy la Carta Magna a piacere. La Corte dicta Sentencias Definitivas a medida del demandante y no hesita en cambiarlas cuantas veces sean necesarias. Como ese bastión republicano se resquebrajó hasta la ruptura, las crisis entre el Judicial y los otros dos poderes del Estado se tornaron endémicas. El otro bastión, el de la democracia parlamentaria, con un Congreso electo que representa la diversidad de intereses ciudadanos, venía zozobrando hace tiempo, clientelismo y corrupción electoral mediante. Pero la reacción ante las reivindicaciones de “indignados” de mayo del 2012 evidenció claramente la ruptura de ese otro pilar. El quiebre final sucedió en dos tiempos: cuando la ciudadanía exigió a sus representantes que no dilapidaran 50 millones de USD adicionales para sus operadores en el TSJE, los parlamentarios se plegaron a regañadientes, desconcertados ante esta insólita exigencia del Común. No se trataba de funcionarios públicos exigiendo mejores salarios ni de campesinos demandando compensaciones por malas cosechas. Eran manifestantes urbanos, de clase media alta, que no hacían demandas sectoriales sino exigían derechos ciudadanos. Cuando, alentada por el primer éxito, la ciudadanía reclamó el desbloqueo de las listas partidarias, sus “mandatarios” pasaron a la defensiva, reaccionando como minoría compacta (N. Lechner). Allí murió la ilusión de representatividad: los senadores trataron a sus mandantes de turba vendida y alcoholizada, de zurdos e ignorantes. En justa reciprocidad, fueron marcados de inmediato como senarratas y dipuchorros, como consta en millares de posteos de redes sociales. Los integrantes del Congreso optaron por auto-representarse a sí mismos y defender apenas sus intereses partidarios, apropiándose de la soberanía popular. También según este Contrato Social, los conflictos sociales se resolvían pacíficamente, por la ley. El campesinado descreía ya de la imparcialidad de los jueces y fiscales, tentados a favorecer intereses de los poderosos, en detrimento de los suyos. El centenar de militantes campesinos muertos por fuerzas policiales o parapoliciales durante la transición, y la ataraxia de la Justicia paraguaya respecto a las tierras malhabidas justificaban ampliamente esta desconfianza. Pero el enfrentamiento entre fuerzas policiales y miembros de la Liga Nacional de Carperos, con un saldo de al menos 17 muertos el 15 de junio, echó por tierra lo que restaba de este principio. A partir de allí, la cuestión agraria amenaza litigarse ya abiertamente con las armas. Las organizaciones campesinas entendieron -antes que muchas otras- la ruptura del Contrato Social: ya desesperan de hallar justicia sobre tierras que el Estado les niega, para obsequiarlas a los grandes propietarios, ya no conocen fiscales capaces de separar culpables de victimas en la masacre de Curuguaty. Por fin, el juicio político del 22 de junio derogó la última cláusula del Contrato de 1992. La más valiosa para la percepción de la gente: el presidente no llega al poder por golpes de Estado, reelecciones amañadas, maniobras de minorías ni sucesiones monárquicas, sino por el voto popular. Un campesino lo expresó con simplicidad y dolor en una entrevista radial: ¿porqué no venderían ahora su voto –la lección repetida hace veinte años por sus dirigentes- si esa papeleta ya no valía nada?. Si ahora sabían que la voluntad mayoritaria podía ser robada impunemente por 39personas, en 24 horas. Por eso la gente común, el Común, reaccionó con incertidumbre, miedo o silencio ante lo que parecía un cambio de gobierno, pero era en realidad un quiebre social y político mucho más grave. Gente común, la que no lee Hobbes ni Rousseu, no reconoce a Habermas, Montesquieu o Lechner, percibió con extrema lucidez que el Contrato Social bajo el cual convivieron -mal o bien- durante dos décadas, acababa de rescindirse. Y los letrados saben que al fenecer un Contrato -del tipo que sea- se retorna al anterior, recupera vigencia el contrato “consuetudinario”. Es así como la elite conservadora paraguaya se apresuró en rehabilitar -con notable eficiencia y memoria- las cláusulas del Contrato Social anterior, el Stronista. El alegato del abogado Adolfo Ferreiro en el Congreso la tarde del 22 de junio –no el jurídico, inservible ante ese auditorio, sino el político, el del “espíritu de las leyes” y los principios democráticos- confrontó abiertamente este retorno. Porque ese libelo acusatorio -proferido, más que presentado- por un tránsfuga de las carpas oviedo-stronistas a las cartistas, recurría abiertamente a la cláusula madre de la represión dictatorial: los delitos políticos no necesitaban ser probados, por ser “de público conocimiento”. Esa acusación, radicalmente opuesta al Contrato republicano y democrático de 1992, fue públicamente aprobada por la casi totalidad de la Cámara, que sancionó de esta forma el retorno al Contrato Stronista. Cuando el Contrato Social republicano fenece, se retorna a la barbarie. Un brillante artículo de Luis A. Boh expresa ese retorno, el del salvajismo, el de los simios. O al hobbesiano homen hominis lupus est (Leviatán, 1651), cuando los lobos salen a las campos y entran a las ciudades, porque el Contrato anterior ya no es válido y las elites acaban de poner el vigencia el más antiguo. Contrato expresado ya en la violencia verbal de las redes, en la prepotencia de los “soberanos”, en las editoriales de la prensa comerciales, y en prácticas policiales que recuperan, con naturalidad, sus añoradas arbitrariedades represivas. No es accidental que, de modo inconsciente, analistas locales e internacionales apelen a símbolos de bestialidad animal o humana para calificar la praxis de la “nueva política” paraguaya: desde el retorno de los simios, pasando por el de manada de dinosaurios o bandada de avestruces asustados, hasta la de hombres cavernícolas o trogloditas. Herido de muerte los principios republicanos, roto el de por sí endeble tejido social (dos de cada cinco paraguayos sigue sin siquiera comer lo necesario), el Contrato neo-stronista apela una vez más al peligro exterior (el de la Triple Alianza más uno) y al feroz aglutinante ideológico del nacionalismo, para reconstruir la fachada de la “unidad nacional”. Y exacerba el miedo colectivo, aludiendo al peligro de guerra civil, amenazando a los “zurdos” o “bolivarianos asesinos” en las calles y en las redes sociales. Se fundamenta una vez más en los arcaicos lemas de la Doctrina de Seguridad Nacional, que ven en los “enemigos internos”, en los “legionarios”, en los “malos paraguayos” el mayor peligro contra la nacionalidad. Aunque, considerando sus consecuencias mediatas, el quiebre de un contrato social paulatinamente resquebrajado en la transición y en la alternancia, está generando un efecto no querido por sus ejecutores. Nunca antes la sociedad paraguaya debatió y reflexionó como ahora sobre política. Está hoy preguntándose en centenares de espacios, foros, organizaciones civiles o sociales qué fue, como se quebró, que será de hoy en más la democracia paraguaya. Inquiriendo que se hizo mal, cómo quieren convivir civilizadamente los paraguayos-hombres y mujeres- después de este quiebre brutal. Ni siquiera entre 1989 y 1992, ciudadanos de todas las edades y condiciones cuestionan con tan intensa curiosidad qué fue realmente la dictadura, cómo pervivieron la corrupción y el clientelismo, cómo se actúan aquí y en otros países los partidos políticos, que es la globalización y la soberanía regional, cuanto destruyen al país la desigualdad y la concentración de activos e ingresos, cuanto de verdad o mentira reproducen los medios y las redes sociales. Esta crisis se revela para ellos, una crisis terminal. Pertenecen a una nueva generación paraguaya -la que, al no haber aprendido el miedo, no sabe repetir las miserias ni los oportunismos del pasado- que hoy está escribiendo, con libertad, igualdad y fraternidad, el Contrato Social del futuro. Nota: [1] Una Sala Constitucional de la CSJ dictaminó, en diciembre del 2009, la inconstitucionalidad del juicio político a estos dos ministros, ordenando su reposición en sus cargos. Al mes siguiente -presionada por el Senado- , la misma Corte dictaminó lo contrario: dichos Acuerdos y Sentencias carecían de validez jurídica. El caso sigue judicializado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Fuente: E'a http://ea.com.py/la-rescision-del-contrato-social/